Artefacto como nuestra manera de experimentar y procesar la ciudad, interpretando Madrid a partir de la información que proviene del ambiente.

jueves, 12 de enero de 2012

Las hojas secas



De inviernos se formaba su rostro. Las hojas bajaban secas como se la frialdad de las piedras pasasen a nuestra convivencia. Y cuando hablo en piedras estoy hablando de arquitecturas. Construidas de inviernos; mudas, introspectivas. Aquellas hojas secas eran la prueba de que el frío era una imposición de los tiempos. De los nuevos tiempos. Silenciosos. Calles vacías. Casas vacías. Oí cuando aquella hoja desplegóse de su rama y cayó silenciosa sobre el frío suelo de piedra. Melancólico, en silencio continuó dominando las piedras de mi ciudad. Sólo yo, me acuerdo, intenté gritar. Esbozar un sonido. Mientras tanto, en su casco externo aquella misma calle gritaba extenuada. Caravasares compuestos de superfluos mostrabanse coloridos, mientras yo me callaba. Perdido. Quizá por esto esta sea una ciudad donde el verano domina soberano. 

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